Sketch de Raúl Pérez: el albariño que conquistó Londres y cambió la forma de entender esta variedad
Cuando se habla de los grandes vinos de Raúl Pérez, es inevitable pensar en proyectos como Ultreia, La Vizcaína o El Pecado. Sin embargo, existe un blanco que ocupa un lugar muy especial dentro de su trayectoria y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las referencias más admiradas del vino español: Sketch.
No es un albariño convencional. Tampoco nació con la intención de convertirse en un vino de gran producción o de distribución masiva. Desde sus inicios fue concebido como un proyecto muy personal, elaborado a partir de viejas cepas de Albariño situadas en el corazón del Val do Salnés, la subzona más atlántica y tradicional de las Rías Baixas.
Su objetivo era demostrar que esta variedad podía ofrecer mucho más que vinos jóvenes y aromáticos. En manos de Raúl Pérez, el Albariño adquiere una dimensión completamente distinta: profundidad, textura, mineralidad, capacidad de envejecimiento y una marcada identidad ligada al paisaje del que procede.
Sketch forma parte de los llamados Proyectos de Autor de Raúl Pérez, una colección de elaboraciones muy limitadas que nacen de viñedos excepcionales y de una filosofía basada en la mínima intervención. La vendimia manual, las fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas, la crianza prolongada sobre lías y el respeto absoluto por el carácter de cada añada son algunos de los principios que definen este vino.
Con el paso de los años, Sketch ha despertado el interés de algunos de los críticos más influyentes del mundo. Varias de sus añadas han recibido entre 95 y 96 puntos por parte de Luis Gutiérrez para The Wine Advocate, consolidando su posición entre los grandes vinos blancos españoles y situándolo como una de las interpretaciones más singulares del Albariño.
Pero la calidad del vino es solo una parte de su historia. El origen de su nombre, su relación con uno de los restaurantes más prestigiosos de Londres, la cercanía de sus viñedos al océano Atlántico y las conocidas pruebas de crianza submarina han contribuido a convertir Sketch en un vino rodeado de curiosidad y, en ocasiones, también de numerosos mitos.
En este artículo vamos a recorrer su historia con detalle, contrastando la información publicada por la propia bodega, la crítica especializada y diversas fuentes documentales. Descubriremos dónde nace realmente Sketch, cómo se elabora, qué hace tan especiales sus viñedos, cuál es la verdadera historia de las botellas sumergidas en la ría y por qué hoy está considerado uno de los albariños más exclusivos y codiciados del panorama internacional.
Más que un vino, Sketch representa una forma de entender la viticultura en la que el paisaje, el tiempo y el respeto por la naturaleza están siempre por encima de cualquier tendencia comercial. Esa filosofía, compartida por Raúl Pérez desde el inicio de su carrera, explica por qué cada botella se ha convertido en una pequeña obra de artesanía capaz de emocionar tanto a aficionados como a algunos de los mejores sumilleres del mundo.
La historia de Sketch: el restaurante de Londres que dio nombre al vino
Pocos vinos españoles deben su nombre a un restaurante. En el caso de Sketch, la historia comienza lejos de los viñedos gallegos, en el número 9 de Conduit Street, en el exclusivo barrio londinense de Mayfair.
Inaugurado en 2003 por el restaurador argelino Mourad Mazouz junto al célebre chef francés Pierre Gagnaire, Sketch nació con una idea muy distinta a la de un restaurante convencional. Su creador quería reunir en un mismo espacio gastronomía, arte contemporáneo, diseño y música, convirtiendo cada visita en una experiencia creativa. El edificio, una elegante casa georgiana del siglo XVIII, fue transformado en un conjunto de salas con personalidad propia, donde la decoración cambia con el tiempo y el arte forma parte de la identidad del lugar.
La propuesta gastronómica no tardó en situarse entre las más prestigiosas de Europa. La Lecture Room & Library, dirigida por Pierre Gagnaire, obtuvo su primera estrella Michelin en 2005, la segunda en 2012 y la tercera en 2019, consolidando a Sketch como uno de los grandes templos de la alta cocina internacional.
Fue en ese entorno donde Raúl Pérez encontró un espacio que compartía su forma de entender el vino.
A comienzos de los años 2000, el enólogo berciano ya era conocido entre algunos de los mejores sumilleres y cocineros europeos por elaborar vinos alejados de cualquier estándar comercial. Sus producciones eran pequeñas, profundamente ligadas al viñedo y concebidas para expresar el paisaje antes que satisfacer modas o tendencias. Esa filosofía conectó de forma natural con la manera en que Sketch construía su propuesta gastronómica: creatividad, autenticidad y búsqueda constante de la excelencia.
De esa relación surgió uno de los proyectos más personales de Raúl Pérez. Decidió elaborar un albariño muy diferente a los habituales y bautizarlo con el nombre del restaurante londinense como muestra de reconocimiento y amistad. Con el tiempo, el propio vino acabaría alcanzando una fama comparable a la del establecimiento que le dio nombre.
Lejos de ser un simple gesto simbólico, aquel nombre terminó definiendo el carácter del proyecto. Sketch no pretendía convertirse en un albariño de gran producción ni competir por volumen con otras referencias de Rías Baixas. Nació como una elaboración extremadamente limitada, destinada a un público que buscaba vinos singulares, con personalidad y capacidad de emocionar desde la primera copa.
Con los años, tanto el restaurante como el vino han seguido caminos paralelos. Mientras Sketch se consolidaba como una referencia mundial de la gastronomía contemporánea, el albariño de Raúl Pérez se convertía en una de las etiquetas más codiciadas entre coleccionistas, sumilleres y aficionados al vino, demostrando que la colaboración entre cocina y viticultura puede dar lugar a proyectos capaces de trascender mucho más allá de una simple carta de vinos.
El viñedo: donde nace la personalidad de Sketch
Si hay un elemento que define la identidad de Sketch por encima de cualquier técnica de elaboración, ese es el viñedo. Raúl Pérez siempre ha defendido que un gran vino nace en la viña y que el trabajo en bodega debe limitarse a acompañar lo que la naturaleza ofrece en cada vendimia. En Sketch, esta filosofía alcanza una de sus máximas expresiones.
Las uvas proceden de viejas cepas de Albariño situadas en el Val do Salnés, la subzona histórica y más atlántica de la Denominación de Origen Rías Baixas. Según la información facilitada por la propia bodega, el viñedo se encuentra en Dena, perteneciente al municipio de Meaño (Pontevedra), una zona donde el cultivo del Albariño forma parte del paisaje desde hace generaciones.
Estas cepas, con una edad superior a los cincuenta años, producen de forma natural una cantidad muy reducida de uva. El paso del tiempo ha desarrollado un sistema radicular profundo que permite a la planta explorar distintas capas del suelo en busca de agua y nutrientes, aportando al vino una mayor complejidad y una expresión más precisa del terreno.
El suelo está formado principalmente por granitos alterados y arenas graníticas, materiales muy pobres en materia orgánica pero con un excelente drenaje. Esta composición obliga a la vid a esforzarse para sobrevivir, limitando su vigor y favoreciendo racimos pequeños y muy concentrados. Es precisamente este tipo de suelo el que aporta una de las señas de identidad más reconocibles de Sketch: su marcada sensación mineral y su característico final salino.
La cercanía del océano Atlántico desempeña un papel fundamental en la personalidad del vino. Las brisas marinas suavizan las temperaturas durante todo el año, reducen los contrastes térmicos y favorecen una maduración lenta y equilibrada de la uva. La elevada humedad ambiental y la influencia constante del mar permiten conservar una acidez natural extraordinaria, uno de los pilares sobre los que se construye la longevidad de Sketch.
Como es habitual en esta zona de Galicia, las cepas se cultivan mediante el tradicional sistema de emparrado, elevando la vegetación sobre estructuras de granito. Este método mejora la aireación de los racimos, facilita la exposición uniforme a la luz y ayuda a reducir la incidencia de enfermedades provocadas por la humedad, un aspecto especialmente importante en un clima atlántico.
La viticultura se desarrolla con un profundo respeto por el entorno. Raúl Pérez prioriza el trabajo manual en el viñedo y la observación constante de cada parcela, convencido de que cada añada debe expresar las condiciones climáticas que la han marcado. No busca uniformidad entre cosechas; al contrario, considera que las diferencias entre años son una parte esencial de la personalidad del vino.
Esta combinación de viñas viejas, suelos graníticos, influencia atlántica y bajos rendimientos explica por qué Sketch posee una personalidad tan distinta a la de la mayoría de los albariños. Su perfil no se construye únicamente sobre la fruta o la frescura, sino sobre una estructura capaz de evolucionar durante muchos años en botella sin perder tensión ni equilibrio.
Antes incluso de entrar en la bodega, gran parte de la identidad de Sketch ya está escrita en estas pequeñas parcelas del Val do Salnés. Es allí, entre el granito, la brisa marina y unas cepas que han sobrevivido durante décadas, donde comienza la historia de uno de los grandes vinos blancos de España.